La alegría de dar a mi hijo lo mejor del mundo

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¡Hola! Soy Michelle, la mamá muy feliz y orgullosa de Felipe Arturo. Mi Lipe tiene casi 21 meses y estamos aún en luna de miel con nuestra lactancia.  

Yo desde siempre tuve el deseo de amamantar a los hijos que Dios me mandara y cuando me embaracé, mi esposo y yo nos informamos mucho, leímos, oímos y siempre estuvimos seguros de que eso era lo mejor para nuestra semillita que estaba en camino. Le informamos a su pediatra y pedimos alojamiento conjunto en la clínica. No era verdad que iba a dejar a mi tesoro más grande acabado de llegar a este mundo solito, sin su mamá :). Tuve una cesárea y mi recuperación fue en la habitación, todo muy rápido y de una vez, en la habitación, lo puse en mi seno, sin ni por un instante imaginar que llegaríamos tan lejos, pero sí sabiendo que iba a hacer todo mi esfuerzo para dar a mi Lipe lo mejor que en ese momento podría ofrecerle: mi seno que, además de alimento, es calor, es puerto seguro, es paz, es tranquilidad. Es mi corazón latiendo.

Les cuento que tuvimos un principio difícil. Se me lastimaron los pezones, tuve un principio de mastitis y Felipe no ganaba peso suficiente (aparentemente no bebía la última leche que es la rica en grasa). En ese primer momento no conocía la Liga y me ayudó mucho una doula y puericultora desde Argentina. Luego nuestro pediatra, como un intento y evitando darle fórmula, me sugirió extraerme y dar mi leche en biberón porque así estaríamos seguros de la cantidad que se estaba tomando y quizás ganaría el peso adecuado. Pero, imagínense, sacar leche en ese comienzo parecía un fracaso, salía casi nada. Nada, si eso era lo que había que hacer para lactar a mi bebé, eso y mucho más lo haría! 

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Fue ahí que conocí la Liga de la Leche, Yanet, fui a las reuniones y ya con un extractor profesional empecé  a sacarme más lechita. Poco a poco Felipe fue ganando peso (pero nunca ha sido gordito, siempre estaba en el límite) y la lactancia fue estableciéndose mejor. Pero para lograr darle ese biberón extra + empezar un banquito de leche exigió extraerme leche cada dos o tres horas, poner el despertador cuando Felipe dormía y morirme del sueño y cansancio ; ).

Nunca he sido una vaquita lechera, mi producción era justa para mi chiquito y mi banquito no era grande. Hubo veces que me sacaba hoy para que él consumiera mañana. Pero gracias a Dios tengo un trabajo con un horario flexible y logramos llegar hasta los seis meses de teta solo teta. Empezamos la alimentación complementaria y Felipe siempre ha sido buen comedor : ).

Es verdad que la lactancia pertenece a la mamá y a su bebé, pero hay una pieza muy importante sin la cual sería todo más difícil. Esa pieza en mi caso se llama Fernando y contar con su apoyo ha sido imprescindible. Mi marido no solo apoya la lactancia, sino que ahora es militante de ella. Tener ese respaldo donde descansar ¡es un regalo!

Otra cosa imprescindible en todo el proceso es la información. Si te informas, sabes adonde quieres ir y no te pierdes en el camino (ni dudas de tu capacidad. Sabes que puedes y que ¡lo vas a hacer!).

Amamantar no solo nos hace mamíferas, como también nos llena de emociones bellas y únicas, nos conecta con nosotras mismas y con ese ser más bello que Dios nos regaló. Qué emoción mirarlo, verlo crecer, desarrollarse y saber que eso fue posible por nuestra dedicación, nuestra decisión, nuestro amor y entrega total. A mí me dio tanta alegría llegar a los seis meses y ver que ahí estábamos con nuestro hijo feliz y saludable siendo alimentado ¡exclusivamente por mí! ¡Qué felicidad y qué bendición esa conexión que solo existe entre él y yo! Haber sido, en algún momento, ¡la única fuente de alimento para mi hijo!

Y no olvidemos una de las cosas más importantes que trae la lactancia materna: la salud de nuestros tesoros. Cuando lactamos exclusivamente, les damos a nuestros bebés inmunización, anticuerpos, es el mejor alimento para ellos porque así quiso Dios. Dios nos hizo mamíferas, nos dio la capacidad de producir leche para dársela a nuestros retoños. Felipe es un niño muy sano, gracias a Dios, y las veces que se enferma (principalmente ahora que empezó colegio) se sana rápido. Palabras de nuestro pediatra: Felipe es de sus pacientes que menos se enferma, super saludable. Solo va donde él para su chequeo. Eso me llena de alegría, orgullo y gratitud. Gratitud a Dios, siempre, y a ¡las tetas! : )

Por último, cuándo me preguntan “y ¿hasta cuándo?” Contesto: “hasta que las partes involucradas se sientan felices”. O sea, hasta cuando Felipe Arturo y yo querramos : ).

Michelle Marques de Columna

Yanet Olivares, IBCLC
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La información contenida no sustituye el diagnóstico y tratamiento de su médico o proveedor de salud.